Hoy está nublado y hace frío. Me parece el día perfecto para empezar un proyecto que llevo cuajando algún tiempo y en el que espero no enfrascarme con tenacidad obsesiva. Quiero llevar un blog, una bitácora de cualquier pensamiento o suceso aleatorio del que quiera y esté dispuesta a hablar durante los próximos doce meses. Quiero hacerlo finito porque sigo algunos blogs y he notado que con el tiempo van perdiendo intensidad.
Así que estoy aquí, sentada frente a una computadora en una casa en Parque Florido, pensando en la benemérita y nunca bien ponderada Edith Faría, quién me bautizó como Amaranta, antes de llamarme por el menos elegante apelativo de Greñúa. No se crean que ese es mi nombre, es un epíteto producto de mis características capilares, que, a su vez, son productos de que mi madre hiciera caso omiso a la orden de mi abuela de mejorar la raza. Veremos qué producen estos dedos que teclearán durante el siguiente año y recapitularemos el próximo Día de Melchor.
| Escena bucólica en Parque Florido |